América y la pluma estilográfica

La historia de la pluma estilográfica es tan apasionante como extensa, y no es el objetivo de estas líneas ponernos en plan exhaustivo. Pero a modo anecdótico conviene recordar que a finales del siglo XIX se comenzaron a resolver algunos problemas técnicos que impedían que la pluma se convirtiera en un objeto de escritura imprescindible, algo que no tardaría en llegar.

¿Cuándo y dónde?

Lo diremos ya: en América, tras la I Guerra Mundial. América es quien le dio el mayor impulso a la pluma estilográfica. Tanto es así, que en 1912 ya había 58 fabricantes de plumas estilográficas en América (en Inglaterra, por ejemplo, había doce, y en Italia, ninguno). Y ese mismo año nació una marca que acabaría haciendo historia en el mundo de las plumas: Sheaffer, dispuesta a explotar una patente de 1908 de un sistema de carga que iba por palanca.

De repente, todo el mundo comenzó a usarla: estudiantes, profesores, empresarios. Y refinados que eran dichos clientes, los fabricantes tuvieron que emplearse a fondo en crear plumas de nivel, que escribieran bien y que estéticamente fueran atractivas. Todo esto mientras en Europa seguían con la plumilla, dando la espalda a la pluma estilográfica.

La pluma estilográfica, en la I Guerra Mundial. El arma de la paz

Y andando el tiempo, llegaría la Primera Guerra Mundial. Muchos jóvenes estadounidenses marcharon al frente y llevaron consigo una pluma estilográfica, con la que podrían escribir a sus familiares, novias y amigos. Así fue como la pluma estilográfica pasó de ser un simple artículo de escritura a todo un símbolo de salvación (espiritual), sobre todo para los soldados. Las ventas de las plumas estilográficas se dispararon, por necesidad y por mimetismo.

Firma del Tratado de Versalles con pluma WatermanA partir de ese momento la sociedad no podría permitirse el lujo de prescindir de una estilográfica. Tanto es así, que cuando se firmó el Tratado de Paz de Versalles, el 28 de junio de 1919, el primer ministro inglés, David Lloyd George, mostró al mundo –sin hacer ostentación, pero la mostró– una hermosa pluma estilográfica, concretamente el modelo Ideal de la casa Waterman. Huelga decir que Waterman aprovechó esa imagenn para hacer marketing. Tanto es así, que a dicha pluma –de oro sólido– la llamó “el arma de la paz”. ¿Existe mejor eslogan en la historia de la publicidad?

Es precisamente uno de los carteles de la época, obra de Eugène Ogé (1861-1936), quien ilustra este post. En él se ve a una mujer con cierta aureola divina con una inmensa pluma en una mano y el Tratado de la Paz en la otra.

Y eso es todo por hoy, amigos. El mundo sigue embarrado en guerras y no parece que haya arma o pluma de la paz que lo detenga. Pero esa es ya otra historia…

 

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Plumas estilográficas Waterman

 

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