Corrección de estilo en Facebook y en Twitter

  plumas estilográficas

¿Y por qué hablar sobre corrección de estilo en Facebook y en Twitter, si es un tema que no le preocupa a nadie? Siendo justos, hemos de admitir que la corrección de estilo no interesa… a casi nadie. Aunque no sea un asunto de interés masivo, son muchas las personas a quienes les interesa –o debería– redactar con corrección: escritores, profesores, lectores y, por supuesto, correctores de estilo.

Después de tantos años compartiendo mis conocimientos sobre lenguaje en mis blogs (Narrativa Breve, Corrección y Estilo, Escribir y Corregir), puedo decir que la interacción de los lectores que siguen estas páginas es relativamente buena, lo cual supone un estímulo para proseguir con esta senda divulgativa que me he marcado. Hablo de personas interesadas en mejorar sus conocimientos sobre gramática, puntuación, sintaxis, léxico, etcétera

Además, puede que la corrección de textos no sea tending topic, pero es una asignatura pendiente. ¿Qué más se puede pedir? :–)

Corrección de estilo en Facebook y Twitter, de lunes a viernes

¿Hacernos –valga el plural mayestático– un hueco en Facebook y en Twitter, entre tanto vídeo sobre gatitos y fotos de los pies en la playa, para dar buenos consejos sobre lenguaje? Eso fue lo que pensé cuando comencé a publicar estas pinceladas que pretenden dar solución a algunas dudas lingüísticas. Al ser tan breves y directas, sin circunloquios ni explicaciones académicas prolijas, el lector podrá solventar esas dudas lingüísticas a las que antes o después nos enfrentamos todos. (Todos los que tenemos inquietud por el lenguaje, huelga decir…).

Estoy publicando estas pinceladas sobre corrección y estilo en Facebook y en Twitter, de lunes a viernes. (En Twitter, por las limitaciones propias de esta red social, solo publico las más breves). No obstante, si lo prefieres, puedes leerlas en esta página. La ventaja es que aquí las tienes todas reunidas y, además, con algunos enlaces a sitios de referencia que nos sirven para ampliar información.

Y no me enrollo más. Espero que disfrutes estos consejos lingüísticos que tienen la intención de ayudarte a evitar ciertos errores de escritura.

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Todos los apuntes de corrección de estilo publicados en Facebook y Twitter

Estos son todos los consejos sobre corrección de estilo que he publicado hasta la fecha en Facebook (y en Twitter cuando las limitaciones de espacio de esta red social lo permiten).

Están ordenados de más reciente a más antiguo. Esperamos tus comentarios. ¡Gracias por leernos!

 

(71): De tipo… redundante

“Tengo un problema de tipo fiscal”.
“Fue un éxito a nivel internacional”.
“Juan es de naturaleza bondadosa”. 
“En el ámbito de las altas esferas no se ha notado la crisis económica”.

Estas cuatro frases (inventadas) son representativas de cierta tendencia a la hora de gestionar la información. Las hemos leído (no en su literalidad, pues como digo son inventadas) en la prensa o incluso en libros. Yo estoy acostumbrado a leerlas en muchos manuscritos, curiosamente más en ensayos y en textos académicos que en obras de ficción.

¿Cuál es el común denominador de estas cuatro oraciones? Todas ellas contienen una expresión redundante: “de tipo”, “a nivel”, “de naturaleza”, “en el ámbito”. Si nos fijamos bien, en las cuatro anida un circunloquio para evitar decir lo mismo… con menos palabras.

Los autores (imaginarios) podrían haber escrito los mismos mensajes sin usar estas expresiones redundantes. Las nuevas frases son, en mi opinión, más limpias:

“Tengo un problema fiscal”.
“Fue un éxito internacional”.
“Juan es bondadoso”.
“En las altas esferas no se ha notado la crisis económica”.

Nota: eliminar este tipo de expresiones de nuestro idioma no tiene por qué ser una prioridad. De hecho, no son demasiados los lectores que se fijan en estas redundancias, y quizá en ocasiones estén justificadas pues se busca un discurso más engolado. Aun así, conviene no abusar de ellas. Si tendemos a repetirlas, podríamos reformular algunas frases mediante el modelo simplificado que he explicado antes.

(70): Respira cuanto quieras, pero puntúa bien

“El enfisema pulmonar que sufre el presidente del Gobierno desde hace semanas, preocupa a sus familiares”.

¿Qué error detectamos en esta frase? ¡Bingo! Hay que eliminar la coma criminal.

–Pues no estoy de acuerdo. Mientras leía la frase he tenido que hacer una pausa para respirar.

–Respira cuanto quieras, pero puntúa bien. “El enfisema pulmonar que sufre el presidente del Gobierno desde hace semanas” es el sujeto, y como bien nos enseñaron en el colegio no debemos separar el sujeto del verbo con coma si no hay ningún inciso entre ellos.

–Pero es que el sujeto en esta oración es muy largo.

–Será muy largo, pero gramaticalmente no deja de ser un sujeto como otro cualquiera.

–Pero…

–No hay peros que valgan. No le des más vueltas al asunto y disfruta el fin de semana. El lunes, más. :–)

(69): El no expletivo

En el ámbito gramatical se usa el adjetivo “expletivo/a” para aludir a aquellas palabras o elementos que son prescindibles en una oración. Un ejemplo que está a la orden del día es el no expletivo:

“No abandonaremos la huelga hasta que el Gobierno no atienda nuestras peticiones”.

¿Qué pinta ahí ese “no” antes del verbo “atienda”? Nada. No solo no aporta nada al enunciado, sino que además lo emponzoña, pues lo que los huelguistas quieren decir es que no abandonarán su lucha hasta que el Gobierno SÍ atienda sus peticiones.

La frase correcta sería:

“No abandonaremos la huelga hasta que el Gobierno atienda nuestras peticiones”.

La conjunción “que” también recibe en numerosas ocasiones un tratamiento expletivo:

“¡Qué bueno que parece cuando duerme!”.

Esta frase tiene cierto colorido coloquial gracias a ese “que” prescindible, pero en el lenguaje escrito culto –si no hay nada que justifique lo contrario– sería preferible escribir:

“¡Qué bueno parece cuando duerme!”.

Muchos autores escriben “apenas si” (con el significado de “casi no”, “solo”, “escasamente”) en vez de “apenas”, a secas. Aquí el “si” tiene, una vez más, valor expletivo.

Los expletivos no tienen excesiva mala prensa. No obstante, como buen pitufo gruñón, yo intento no escribirlos.

(68): El simpático futuro de subjuntivo

El futuro de subjuntivo me resulta curioso al menos por dos motivos: porque conlleva el matiz de improbabilidad, y porque ya no lo usa nadie, pese a que se sigue estudiando –aunque sea de pasada– en las aulas.

Pero ¿he escrito “nadie”? Mejor lo dejamos en “casi nadie”. Aunque sería rarísimo escucharlo (bien empleado) en la calle, algunos textos jurídicos aún echan mano de él, quizá porque está en el ánimo de los juristas que los ciudadanos de a pie no entendamos bajo ningún concepto su prosa gongorina. :–)

Pero basta de prolegómenos. Leamos algunos ejemplos para comprender mejor la circunstancia de esta simpática forma verbal.

Cuando escribo “Si viene el presidente a la reunión, le expondremos todas nuestras dudas”, doy a entender que hay posibilidades de que el presidente acuda a la reunión, en cuyo caso le transmitiremos todas nuestras dudas.

Pero cuando escribo “Si viniere el presidente a la reunión”, estoy manifestando que es muy improbable, por no decir imposible, que el presidente acuda a la reunión.

Ese matiz de improbabilidad me parece precioso. Ya en serio: creo que es una pena que no se use más el futuro de subjuntivo. Yo mismo lo he escrito en alguna ocasión, por pedante que pueda parecer. Lo más habitual hoy día es sustituirlo por formas verbales más “terrenales” como el presente de indicativo (repetimos la frase de arriba: “Si viene el presidente, le transmitiremos todas nuestras dudas”) o, reformulando un poco la frase, el presente de subjuntivo: “Cuando venga el presidente, le transmitiremos todas nuestras dudas”.

También encontramos el futuro de subjuntivo en algunos refranes antiguos: “Donde fueres, haz lo que vieres”. En este caso tenemos el futuro de subjuntivo por partida doble, ya sin el elemento de improbabilidad.

(67): Metáforas vivas / Metáforas muertas

Las metáforas nos permiten intercambiar una palabra por una idea. Escribir metáforas (sobre todo si son brillantes) puede ser una forma eficaz de realzar el estilo, de darle personalidad. La metáfora, en fin, es una buena aliada del hallazgo lingüístico.

Hay, sin embargo, otro tipo de metáforas (llamémoslas “metáforas muertas”) que, de tanto uso, acaban, como las suelas de nuestros fatigados zapatos, perdiendo lustre. Y en consecuencia ya no consiguen sorprender al lector.

Pondré algunos ejemplos de metáforas muertas: al filo de la noche, andar con pies de plomo, estar enchufado, la pata de una mesa, la red de carreteras…

Ciertamente, las asociaciones de ideas que sostienen estos juegos metafóricos son potentes: ¿qué tiene que ver el plomo con los pies, una persona con un enchufe o una red con una carretera?

Sin embargo, de tanto escucharlas, de tanto leerlas y escribirlas, ya ni siquiera nos parecen metáforas.

Consejo: si quieres llevarte bien con las metáforas, no las levantes de sus tumbas y crea tus propias metáforas… vivas.

(66): Sibaritas del lenguaje

Beni Roldán, lectora de esta sección lingüística, me pregunta si es incorrecto escribir “error involuntario”. Su pregunta tiene mucho sentido: si el error no fuera involuntario, no sería un error sino una acción premeditada, una malicia si se prefiere. Se supone que cometemos errores sin que haya voluntad por nuestra parte. A modo de ejemplo: Lee Harvey Oswald no cometió un error cuando presuntamente disparó a Kennedy: cometió un asesinato. :–)

Nos adentramos de nuevo en el campo de las redundancias, tan habituales en el día a día. En un artículo publicado en El País (5/07/2015), el gramático Álex Grijelmo nos explica que las citas son siempre previas:

“La palabra ‘cita’ viene a significar que dos o más personas conciertan una hora, un día y un lugar para encontrarse. Y como no podía ocurrir de otra forma, tal señalamiento ha de ser acordado previamente. De nada sirve citarse para ayer, o para el mes pasado”.

Y tiene razón Grijelmo: podríamos ahorrarnos el adjetivo “previo” y el sentido sería el mismo.

¿Y qué decir de “nexo de unión”? Si lo analizamos durante un par de segundos, caeremos en la cuenta de que la palabra “nexo” ya implica unión. De hecho, “nexo” significa “lazo, unión”.

Vivimos acosados por expresiones redundantes. Dicho queda. Ahora bien: ¿debemos renunciar a ellas en aras de un lenguaje más pulcro, más elegante, más sofisticado?

Que cada cual aporte su respuesta.

A mi modo de ver, escribir “cita” en vez de “cita previa”, “nexo” o “punto de unión” en vez de “nexo de unión” o “error” en vez de “error involuntario” favorece el lenguaje culto y elegante. ¡Bravo!

Pero de nada servirían estos destellos de sibaritismo –que solo observarán los lectores más avezados– si la puntuación, la sintaxis o el léxico son deficientes, algo que sí detectarán –y sufrirán– muchas más personas.

 

(65): Por contra, oh la la!

La locución “por contra” es un galicismo (“par contre”) que debería evitarse. Para sortear este calco del francés, podemos escribir “por el contrario”, “en cambio” o “contrariamente”.

Pese a las recomendaciones académicas, “por contra” ha acabado por asentarse en España, algo que no ocurre en Latinoamérica. Por mi parte, prefiero escribir “por el contrario” o “en cambio”.

 

(64): Serán muy efectivos, pero no 700

No hay manera. Año tras año, tragedia tras tragedia, los medios de comunicación siguen dando la espalda a los matices de nuestro lenguaje. Hoy, mientras desayunaba, he escuchado en la radio que “700 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias están ayudando en Mallorca” tras las graves inundaciones en las que han muerto diez personas. (Por desgracia, hay también un niño desaparecido). .

El error está en poner una cifra antes de “efectivos”. La Fundéu lo explica muy bien:

“efectivos” hace referencia al conjunto de los miembros de las patrullas o cuadrillas, pero no a cada individuo en particular («los 30 bomberos» o «los 30 miembros del cuerpo de bomberos» y no «los 30 efectivos del cuerpo de bomberos».

Para solucionar el error, siguiendo el consejo que acabamos de leer, solo deberíamos escribir tras la cifra un sustantivo que sí acepte numerales. Por ejemplo:

“700 miembros de la Unidad Militar de Emergencias están ayudando en Mallorca…”.

Para más información, os dejo este post que redacté el 29/7/2015: “Más de cien efectivos extinguen un incendio”.

 

(63): Una catástrofe que no era tan humanitaria

Los adjetivos deben modificar al sustantivo aportando la cualidad que queremos darle, y no otra. Ya vimos en el número 57 de esta sección de corrección de estilo que cuando escribimos “falsa alarma” en realidad pretendemos escribir “alarma infundada”.

Nos encontramos con un problema similar en “catástrofe humanitaria”. Damos por válido, sin hacer el menor análisis lingüístico, que estas dos palabras nos remiten a una catástrofe en la que se pierden vidas humanas. Pero “humanitario/a” significa, según el diccionario de la RAE:

1. adj. Que mira o se refiere al bien del género humano.
2. adj. Benigno, caritativo, benéfico.
3. adj. Que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen.
[RAE: http://dle.rae.es/?id=KnU9qJW]

Nadie en su sano juicio diría que una catástrofe (un suceso desdichado en el que se producen numerosas desgracias) es benigna, caritativa o benéfica, sino todo lo contrario. Lo correcto sería escoltar el sustantivo “catástrofe” con adjetivos como “terrible”, “cruel”, “estremecedora”, etcétera, o incluso explicar de qué tipo de catástrofe se trata: ecológica, marítima, oceánica, agropecuaria, global…

Aunque hay cierta permisividad con “catástrofe humanitaria” por lo extendido de su uso, opino que es difícil encontrar mayor incorrección lingüística que decir lo contrario de lo que se pretende transmitir.


(62): Es así como

“Es así como” es un galicismo (c’est ainsi que) que convendría evitar. Es preferible escribir “así”, “de esta manera” o “así es como”.

(61): La coma del vocativo. Ser o no ser

El vocativo es aquella persona, animal o cosa a la que nos dirigimos. Es obligatorio escribir coma después del vocativo, y también antes cuando hubiere texto precedente:
 
“Pedro, así no vamos bien”. [Coma tras el vocativo].
 
“Como ya sabrás, amigo, he perdido mi trabajo”. [Coma antes y después del vocativo].
 
Obviamente, no habrá que poner coma sino punto si la frase termina tras el vocativo:
 
“Cállate, Marcos”.
 
En ciertos casos la coma es quien se encarga de señalar si determinada persona o cosa es el sujeto o tan solo un vocativo.
 
“Juan coge la manzana”. [“Juan”, sujeto, realiza una acción: coger la manzana].
 
“Juan, coge la mañana”. [En este caso interpelamos a “Juan”, vocativo, para pedirle / ordenarle que coja la manzana].
 
En la primera frase, “coge” es la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo “coger”. En la segunda, “coge” es imperativo.
 
Aquí se demuestra, una vez más, la importancia que puede llegar a tener una coma. Lo cual no será óbice para que sigamos viendo al sufrido vocativo huérfano de comas…

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(60) “Porqué” es un sustantivo como cualquier otro, aunque no lo parezca…

Aunque no lo parezca a simple vista, “porqué” es un sustantivo como cualquier otro, de ahí que podamos escribirlo en singular (“el porqué”, “un porqué”) o en plural (“los porqués”, “unos porqués”).

Estamos pues ante un vocablo que no debería darnos el menor problema gramatical… siempre y cuando apreciemos que se trata de un sustantivo y no de una palabra de categoría diferente. Lamentablemente, es muy habitual escribirlo de manera incorrecta en sustitución de esos jinetes de la discordia que son “por qué”, “porque” o “por que”. (Adelanto que estas cuatro fórmulas tienen personalidad propia y no son intercambiables entre sí).

Pero centrémonos ahora en “porqué”.

El truco para saber si hemos escrito “porqué” correctamente es sustituirlo por un sustantivo sinónimo: “razón”, “motivo”, “causa”… Si una vez realizada esta acción la frase sigue teniendo sentido pleno (y no por aproximación), sabremos que hemos acertado.

Algunos ejemplos:

“Entiendo el porqué de tus reticencias”.

Podríamos haber escrito “Entiendo el motivo de tus reticencias” o “Entiendo la causa de tus reticencias” y el contenido de la frase sería el mismo. Hasta aquí todo bien.

Sin embargo, si escribimos “No tienes porqué obedecerle”, el mensaje no funciona en absoluto. Para comprenderlo bastaría cambiar “porqué” por un sinónimo: “No tienes motivo obedecerle”.

¿Funciona bien esta última frase? ¿Tiene sentido? No, ¿verdad? No funciona porque hemos tratado de otorgarle a la palabra “porqué” una función que es impropia de un sustantivo. Para conseguir decir lo mismo (o similar) tendríamos que reformular la frase y añadir la preposición “para”: “No tienes motivo para obedecerle”.

Recordad que dije que la frase debe tener sentido pleno, no aproximativo.

La frase adecuada sería: “No tienes por qué obedecerle”.


(59): Contracciones obligadas: al / del

Es incorrecto escribir las secuencias “a el” o “de el”. Estas construcciones, formadas por la preposición “a” seguida del artículo “el”, deben ir contraídas. Lo correcto, pues, es “al” y “del”.

“Me voy al cine”. 
“Este es el chico del que te hablé”.

El único caso en que no se fusionan ambas palabras es cuando el artículo que va después de la preposición “a” forma parte de un hombre propio, que deberá por tanto llevar mayúscula inicial.

“Nos iremos de vacaciones a El Algarve”.

“Esta página la he arrancado de El Español”.[En alusión al diario digital].


(58): Salvar a la conjunción “mas”

a conjunción adversativa “mas” (no confundir con el adverbio “más”, con tilde) ha caído en desuso, sobre todo en el lenguaje coloquial. Sería muy extraño escuchar en la calle frases como esta:

“Me pidió que le acompañara al concierto, mas rechacé su invitación”.

Nadie (o casi nadie) se expresa así de viva voz, quizá porque la palabra “mas” hoy nos resulta afectada.

Ahora bien, el hecho de que el uso de “mas” haya decaído a favor de “pero” no significa que debamos eliminarla de nuestro diccionario.

Hay al menos dos ocasiones en las que podríamos incluirla en nuestros escritos:

1. Como alternativa a la conjunción adversativa “pero”. Si ya hemos escrito la conjunción “pero”, quizá deseemos no repetirla en el mismo párrafo o en posteriores. Podríamos salvar a nuestra querida conjunción “mas” (huérfana como el soldado Ryan) usándola en lugar de “pero”, pues ambas significan lo mismo.

2. Para evitar cacofonías. Escribir “mas” puede ser una buena opción para evitar cacofonías con palabras que suenan parecidas a “pero”. Con esta frase lo entenderéis mejor:

–Pero para adelgazar no es necesario morirse de hambre –le explicó el dietista.

Alternativa:

–Mas para adelgazar no es necesario morirse de hambre” –le explicó el dietista.

(“Pero para” genera cacofonía, algo que no ocurre con “Mas para”).

En estos casos el uso de la conjunción adversativa “más” (recordad: sin tilde) tendría sentido. Y además nos permite aplicar el método más sencillo, pues toda la tarea consistiría en cambiar una conjunción por otra, bien sea para evitar la repetición de “pero” o para ahorraros una cacofonía.

Hay otras opciones, pero ya pasan por reformulaciones, y son algo más complejas.


(57): Falsa alarma

Cada poco tiempo nos enteramos por los medios de comunicación de que los agentes de seguridad han tenido que desalojar algún lugar (un aeropuerto, un colegio, una sala de conciertos…) “por culpa de una falsa alarma”.

La noticia suele venir acompañada de imágenes o de vídeos en los que vemos a atemorizados ciudadanos poniendo pies en polvorosa. Entonces, ¿por qué dicen estos medios que la alarma fue falsa, si es obvio que estas personas estaban terriblemente alarmadas, temerosas incluso de perder la vida? ¿Acaso no vimos con nuestros propios ojos –valga el pleonasmo– cómo agentes de la Guardia Civil desalojaban con urgencia a todos los pasajeros de un avión?

Estimados periodistas: es posible que no hubiera ninguna bomba a punto de estallar, pero la alarma no tenía nada de falsa: era tan real como la vida misma. Miren el rostro desencajado de los viajeros… ¿Cabe imaginar mayor alarma?

Para escribir y hablar con propiedad, digamos a toro pasado que lo que se vivió en el aeropuerto o en el Palacio de Justicia o en el intercambiador de Nuevos Ministerios no fue una “falsa alarma”, sino una “alarma infundada”.


(56): Las miles / Los miles

En un manuscrito que estoy corrigiendo leo “Entre las miles de opciones disponibles, eligió la peor”. Este es un error muy extendido, tanto que incluso nos “suena” bien. Afortunadamente, hoy he desayunado fuerte, y eso me ha ayudado a cazar el gazapo. :–)

Veamos, ¿cuál es el problema en “las miles de opciones”? Lo diré ya: “miles” es un sustantivo masculino, y como tal exige un artículo igualmente masculino, pese a que el sintagma que viene a continuación incluya el femenino “opciones”. Si no escribimos “las actores” o “las plátanos”, ¿por qué habríamos de escribir “las miles”?

Cuidado con los numerales. Recuerda: “los millones” (y no “las millones), “las decenas” (y no “los decenas”), “los centenares” (y no “las centenares”).

Si soléis caer en estos errores de concordancia, os aconsejo que desayunéis fuerte antes de sentaros a escribir, o que en su defecto –perdonad que insista– configuréis el autocorrector de vuestro procesador de textos para que él mismo se encargue de cambiar “las miles” por “los miles”.

(55): Googlear

Aunque en ciertos sectores esté de moda usar el verbo “googlear”, la Fundéu nos previene contra él, advirtiéndonos del problema que supone en castellano la pronunciación de la secuencia “oo”, dos vocales que, unidas, no suenan como “u”.

En sustitución de “googlear”, la Fundéu recomienda “guglear” o la perífrasis verbal “buscar en Google”.

Se entenderá que esta recomendación alude solo al lenguaje escrito, pues en el lenguaje oral pronunciamos de igual modo “googlear” que “guglear”.


(54): Lapso / Lapsus

Es frecuente confundir los sustantivos “lapso” y “lapsus”, si bien no tienen nada que ver entre sí más allá de su similitud gráfica y fonética.

“Lapsus” significa “falta o equivocación cometida por descuido”, mientras que “lapso” significa “intervalo de tiempo”.

Ejemplos:

“Aquel lapsus en su declaración le costaría muy caro”.

“En el lapso de tres meses, el ministro ha mentido en al menos cuatro ocasiones”.


(53): ¿”Dossier” o “dossier”?

Begoña, lectora de esta sección sobre corrección lingüística, pregunta si se escribe “dossier” o “dosier”.

Se puede escribir de las dos formas. “Dossier” es la voz francesa, mientras que “dosier” es la adaptación al castellano.

Teniendo en cuenta que disponemos de una palabra española para referirnos a un “informe o expediente”, no veo demasiado sentido en escribir “dossier”, que además iría en cursivas. (Trabajo extra, pues).

En la mayoría de los casos opto por la voz adaptada al castellano. Pero no siempre… No hay que ser más papista que el papa. Los académicos, por ejemplo, recomiendan que escribamos “bitácora” en vez de “blog” o “entrada” en vez de “post”. ¿Pero quién demonios usa la palabra “bitácora” –que evoca a las novelas de piratas de Salgari– para referirse a este sistema de publicación online? “Entrada”, como texto disponible en la Red, sí está más extendido, pero en cualquier caso prefiero la palabra “post”. Da igual que la RAE solo recoja “post” como un prefijo: el uso de “post” como sustantivo está popularizado, y es mucho más certero que una “entrada”, que puede significar muchas cosas: una entrada de cine o de teatro, una entrada para un piso, una entrada a un edificio, una entrada (asiento) en un libro de registro, una entrada en el cuero cabelludo, un orificio…

Un post, qué diablos, es un post. Los americanos inventaron el concepto y reinventaron la palabra. ¿Para qué complicarnos la vida?

Mañana, más. 


(52): Preveer / Prever / Proveer

En general tendemos a decir o escribir “preveer”, verbo inexistente. El motivo es que nuestro cerebro colisiona, aunque solo sea por un segundo, y mezcla dos verbos, “proveer” (suministrar) y “prever” (ver con anticipación). El resultado involuntario es, como digo, el engendro “preveer”.

En ocasiones el error se lleva a la propia conjugación del verbo (“preveyó” en vez de “previó”, “preveyendo”, en vez de “viendo”, etc.).

Para saber cómo se conjugan los verbos “prever” y “proveer”, podéis consultarlos en el Diccionario Online de la Real Academia (http://www.rae.es/) y pulsar en el botón azul de Conjugar.

Si soléis cometer estos errores, os recomiendo que configuréis vuestro procesador de textos para que cuando escribáis la palabra errónea el autocorrector del programa se encargue de sustituirla por la correcta, tal como recomendé en la lección 45. En algunos casos es posible que el procesador de textos incluya las correcciones de serie.


(51): ¿”Beige”, “beis” o “beig”?

Se escribe “beige” (voz francesa; con cursivas por tanto) o “beis” (palabra adaptada al castellano), pero no “beig”, palabra que no existe. Aprovechando que tenemos una voz adaptada para referirnos a este color, yo optaría por “beis”.



(50) Reglas de acentuación

La mayoría de las palabras polisílabas de nuestro idioma son llanas (“perro”, “gato”, “trigo”), muchas menos de la mitad son agudas (“mar”, “amor”, “libertad”) y de manera residual (comparativamente hablando) están las esdrújulas.

Llevan tilde las palabras:

Agudas (aquellas cuyo golpe de voz recae en la última sílaba) que terminan en vocal, en ene o en ese: “marrón”, “aquí”, “andén”, “Andrés”…

Llanas, también llamadas graves (aquellas cuyo golpe de voz recae en la penúltima sílaba), que NO terminan en vocal, ene o ese: “dúctil”, “árbol”, “látex”…

Esdrújulas (aquellas cuyo golpe de voz recae en la antepenúltima sílaba) y sobreesdrújulas (en una sílaba anterior a la antepenúltima). Esdrújulas: “látigo”, “Íñigo”, “Fátima”. Sobreesdrújulas: “categóricamente”, “cédemelo”, “cálidamente”… (Dejando a un lado algunas excepciones, todas las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas llevan tilde).

Esta es la base. Luego hay que tener en cuenta elementos que pueden desbaratar estas normas de acentuación como los acentos diacríticos, los hiatos, los adverbios terminados en mente (unos llevan tilde y otros, no), los pronombres enclíticos, etcétera.

No es fácil, ¿verdad? ¿Quién dijo que escribir con corrección era sencillo?

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(49): Personajes con nombres parecidos

Visualizar los personajes de una narración puede ser engorroso, sobre todo cuando son muchos. Esta circunstancia es habitual en novelas corales, históricas o aquellas que están articuladas en varias subtramas. En el cine es más sencillo, pues vemos –en el sentido estricto del verbo– al actor, a quien identificamos rápidamente con el personaje. A mí al menos me resulta mucho más sencillo “quedarme” con los personajes de “Juego de tronos” en la serie televisiva que en los libros de George R.R. Martin.

Otro posible inconveniente que encontramos en ciertas narraciones es la elección de nombres de personajes muy parecidos entre sí. Sucede que a veces el personaje de una novela o de un cuento se llama Alonso y otro, Alfonso; María y Mara; Fernando y Hernando; Juan y Fran; Lisa y Luisa, incluso Pedro y Pablo. Y etcétera.

 

En una novela que da vida a personajes reales poco se puede hacer al respecto, a no ser que el autor se desvíe de la historicidad de los hechos narrados. Ahora bien, cuando se trata de una narración libre, el autor puede allanarle el camino al lector simplemente cambiando uno de los nombres de pila a favor de otro que no se parezca. De este modo se potencia la singularidad de cada personaje.


(48): Observaciones sobre la corrección ortotipográfica y la corrección de estilo

Después de explicar, grosso modo, en los apuntes anteriores (números 46 y 47) en qué consisten la corrección ortotipográfica y la corrección de estilo, llega el momento de hacer varias observaciones:

  1. Es mucho mejor una corrección ortotipográfica que nada. Bastantes errores gramaticales van a ser subsanados en este modelo de corrección. Esa es la parte positiva. La parte negativa es que en la mayoría de los manuscritos una corrección ortotipográfica va a resultar insuficiente. La corrección de estilo, por su intensidad y amplitud de miras, es la corrección ideal para la mayoría de los manuscritos. Es más cara, cierto, pero merece la pena. Someter a un manuscrito que necesita sustanciosas mejoras a una corrección ortotipográfica es como barrer y fregar las habitaciones de una casa y dejar la cocina y el baño sin tocar. El piso estará más limpio, pero hay zonas que se quedarán igual que antes de la limpieza.
  2. En cualquiera de los dos casos, el corrector de textos debe encargarse de corregir el manuscrito, no de reescribirlo.
  3. Tarifar un manuscrito (sea para realizar una corrección de estilo o bien para una corrección ortotipográfica) sin leer al menos un folio es una tarea que puede llevar a equívocos. En las webs de algunos correctores se expone el precio de la corrección según el número de palabras o de matrices (caracteres con espacios incluidos), al parecer sin necesidad de leer previamente ningún fragmento del texto. Es difícil de comprender: ¿acaso cobran lo mismo por un texto de 5000 palabras en el que es necesario intervenir cada poco que en otro de igual extensión que requiere mucho menos trabajo? Es obvio que no exige el mismo trabajo enmendar 200 errores lingüísticos que 500.
  4. Cuatro ojos ven más que dos. Tautologías aparte, la profesión del corrector es necesaria cuando se pretende hacer las cosas bien. No olvidemos que escribiendo bien se entiende la gente. :–)
  5. Yo recomendaría a cualquier autor que se toma en serio la literatura que no deje todo el apartado formal en manos de un corrector. Entiendo que a algunas personas la gramática se les “atraganta”, pero un pequeño (a veces no tan pequeño) esfuerzo en mejorar la calidad formal de la redacción es lo menos que debe hacer un escritor. Habrá quien no esté de acuerdo conmigo, pero en mi opinión no ama la literatura quien no ama el lenguaje.

(47) ¿Qué es una corrección de estilo?

La intervención del profesional en una corrección de estilo es mucho más profunda que en una corrección ortotipográfica. Además de las tareas propias de esta última (puntuación, faltas de ortografía, comillas, cursivas…), la persona encargada de realizar la corrección de estilo se esforzará en eliminar errores sintácticos, incoherencias, giros poco elegantes, pleonasmos, redundancias, etc., y adaptar el léxico a un lenguaje culto y elegante, siempre de acuerdo a la normativa vigente.

También se pueden tarifar otros encargos complementarios de la corrección de estilo como la supervisión de los datos (para subsanar posibles errores en fechas, nombres, acontecimiento, etc.), la elaboración de un índice o la premaquetación del manuscrito.

Una corrección de estilo es una tarea más profunda que la corrección ortotipográfica (leer el apunte anterior, el n.º 46) y por tanto más cara. En cualquier caso, conviene recordar que la corrección de estilo no implica la reescritura global del texto. La labor del corrector consiste en corregir, no en redactar.


(46): ¿Qué es una corrección ortotipográfica?

Una corrección ortotipográfica es una revisión lingüística básica en la que se enmiendan errores relacionados con la puntuación, las tildes, las faltas de ortografía, las mayúsculas y las minúsculas, las cifras, los símbolos, la tipografía, el entrecomillado…

El corrector ha de esmerarse, además, en que haya un criterio unificado de escritura. Un ejemplo: algunas personas optan por seguir escribiendo el adverbio “solo” con tilde (es decir, “sólo”), pese a las recomendaciones de la RAE. En este caso, la unificación de criterio  consistiría en procurar que dicho adverbio aparezca tildado siempre en el manuscrito: si aparece unas veces con la tilde y otras sin ella, el autor daría la imagen de que no ha hecho una elección (a favor o en contra de la norma), sino que simplemente no sabe cómo se escribe.

Al ser menos intensa que la corrección de estilo, la corrección ortotipográfica le exige menos tiempo y trabajo al corrector, y por tanto es más económica. Desgraciadamente, en muchos manuscritos no es suficiente una corrección ortotipográfica, pues bastantes errores lingüísticos no asumidos por este tipo de corrección quedarían al descubierto.


(45): El autocorrector del procesador de textos

Son frecuentes los errores a la hora de conjugar los verbos irregulares (aquellos que no siguen los modelos habituales de conjugación). El verbo “andar”, sin ir más lejos, es un auténtico dolor de muelas. Conviene recordar, pongamos, que la primera persona del singular del pretérito perfecto simple no es “andé” sino “anduve”. Deslices similares encontramos en “andaron” (en vez de “anduvieron”) o “andara” (en vez de “anduviera”).

Lo ideal es interiorizar las formas correctas, habituarnos a ellas, pero de manera preventiva es muy útil el recurso del autocorrector, incluido en cualquier procesador de textos aceptable. Gracias a esta herramienta evitaréis escribir mal las citadas formas verbales o cualquier otra palabra que paséis por su filtro.

Autocorrector de Word
Autocorrector de Word 2010

Solo tenéis que descubrir dónde se encuentra alojado el autocorrector en vuestro procesador de textos (dependiendo del programa puede cambiar de nombre) e introducir las palabras que deseéis reemplazar. Una vez configurado, cuando escribáis “andó”, el programa lo eliminará y lo cambiará por “anduvo”.

Yo uso varios procesadores de textos, preferentemente Microsoft Word, en la versión 2010. (Hay otras versiones más modernas, pero con esta tengo más que suficiente). En este caso, la herramienta está ubicada en Archivo/Opciones/Revisión/Opciones de autorrecuperación. Una vez ahí elegid la pestaña “Autocorrección” y aceptad la opción “Reemplazar texto mientras escribe”.  A continuación, buscad la palabra de turno. (Word incluye bastantes autocorrecciones de serie). Si no está, escribid a la izquierda la palabra incorrecta (“andó”, por ejemplo) y a la derecha la palabra correcta (“anduvo”).

Como digo, a partir de ese momento, cuando escribas “andó”, el programa la reemplazará por “anduvo”.

Un problema menos. :–)

Las irregularidades del verbo ‘andar’

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(44): Pares de palabras que deberíamos escribir en una sola palabra

En el caso de las palabras que pierden su acento al pronunciarse junto a otras, la  Ortografía de la Lengua Española recomienda escribirlas en una sola palabra.

Os dejo varios ejemplos. A la izquierda tenéis la versión incorrecta (o no recomendada), y a la derecha la versión (en una sola palabra) que prefiere la RAE.

 

Medio ambiente | Medioambiente

Compra venta | Compraventa

Arco iris | Arcoíris

Boca arriba | Bocarriba

Boca abajo | Bocabajo

Contra reloj | contrarreloj

 

Nota 1: Se aconseja escribir “Medio Ambiente” en vez de “medioambiente” cuando citamos un organismo oficial: Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino.

Nota 2: “contra reloj” es una expresión correcta cuando significa “con mucha urgencia”. Sin embargo, cuando nos referimos a una prueba atlética en la que los participantes puntúan según el tiempo que tardan en alcanzar la meta, debemos optar por la grafía simple, es decir, una sola palabra, que por cierto lleva doble erre. Ejemplo: “carrera contrarreloj”.


(43): Detrás de un formulario hay una persona

Cada cierto tiempo recibo a través de los formularios de mi webs peticiones de presupuestos para una corrección de estilo. Me llama la atención que algunas de las personas que establecen el contacto para interesarse por mis servicios omitan cierto protocolo de buenas costumbres, como por ejemplo la redacción del saludo o de la despedida. (Doy por hecho que esta circunstancia la experimentan todos los profesionales que publicitan sus servicios en la Red).

Los autores a los que me refiero se expresan con un lenguaje telegráfico, impersonal, casi robótico. Este sería uno de esos mensajes:

“Necesito un corrector para una novela de 45.000 palabras. ¿Cuánto tardarías?”.

¿No os parece, como decía antes, un estilo robótico?

No creo que estas personas lo hagan por descortesía programada, sino porque el formulario es un medio frío y no caen en la cuenta de que detrás de ese formulario hay una persona.

Se podría mejorar  el mensaje anterior añadiendo algunas palabras (no demasiadas) de cortesía que no nos robarían más que unos pocos segundos.

“Buenos días, Francisco. Mi nombre es xxxx. He escrito mi segunda novela (45.000 palabras) y estoy buscando un corrector que le dé un buen repaso. ¿Podrías darme un presupuesto y decirme cuánto tardarías en corregirla?

Gracias.

Un saludo
xxxx”.

Como veis, con muy pocas palabras más el mensaje se humaniza notablemente. De esta forma, la persona que establece el contacto proyecta una buena imagen y quien lo recibe agradece su empatía.

Escribir bien no es solo escribir con corrección gramatical: es también escribir con un mínimo de empatía.

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(42): Dar de sí

Escribiendo bien se entiende la gente (42): Dar de sí
 
La locución verbal “dar de sí” hace referencia a una cuestión física: “Con el uso diario esta camisa acabará dando un poco de sí”. En esta ocasión “dar de sí” significa “extenderse”. Pero a veces empleamos esta expresión con intencionalidad metafórica: “No le pidas a Juan análisis profundos. Ya sabes que intelectualmente no da mucho de sí”.
 
Es bastante habitual leer frases en las que dicha locución está mal construida debido a que el posesivo “sí” queda desvinculado del pronombre correcto.
 
“Te lo advierto: no doy más de sí”. (Incorrecto)
 
“Te lo advierto: no doy más de mí”. (Correcto).

 

(41): Uso incorrecto del punto

Conviene saber cuándo escribir el punto… y también cuándo no es correcto ponerlo.

En los siguientes casos es incorrecto escribir el punto:

  1. Detrás de títulos, subtítulos, capítulos…
  2. Detrás del signo de interrogación (?) o de admiración (!) de cierre, pues se considera que estos ya llevan incorporado el punto.
  3. Detrás de los puntos suspensivos, por redundante. Recuerda: los puntos suspensivos son siempre tres (nunca cuatro).

Nota: el punto que he escrito al final de estos tres casos sí es correcto, pues se trata de una enumeración.


(40): Errores involuntarios

“Error involuntario” es un concepto redundante: se entiende que cometemos los errores no por voluntad propia, sino a nuestro pesar. Cuando hacemos algo mal intencionadamente, no estamos cometiendo un error sino una maldad, un acto con malas intenciones o deshonesto. Es conveniente, pues –si no hay una buena causa que lo justifique–, escribir “error” sin la escolta del adjetivo “involuntario”. 

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(39): “Desechos” (basura) no lleva hache

Nunca está de más recordar que el sustantivo “desechos” (residuos, basura) no lleva hache. No se escribe “tiré los deshechos al cubo” sino “tiré los desechos al cubo”. 🙂

“Deshecho”, con hache, es el participio de “deshacer”.

Este es un despiste en el que podemos caer muchos si no estamos atentos.


(38) Los triptongos. Triple complejidad gramatical en una sola palabra

Los triptongos son las secuencias de tres vocales en una misma frase. Las palabras con triptongo están sometidas a las normas de acentuación habituales, y la tilde ha de ponerse sobre la vocal abierta (a, e, o): “buey”, “Cuauhtémoc”, “ión”, “miau”…

No hay comparativamente demasiados adjetivos o sustantivos con triptongos (o al menos yo no conozco demasiados), pero la conjugación de los verbos sí que nos ofrece numerosos triptongos: “estudiáis”, “atrofiéis”, “acariciéis” y un largo etcétera.

El libro del español correcto, del Instituto Cervantes, nos indica que “En ocasiones, las tres vocales no se pronuncian juntas y entonces necesitamos marcar que se ha roto el triptongo. Para ello, ponemos la tilde siempre en la vocal que tenga más intensidad, aunque no se sigan las reglas generales de acentuación”, y nos pone dos ejemplos: “vivíais” y “tenías”, dos palabras que aun siendo llanas terminadas en -s llevan tilde.

Me parece también significativa esta nota de OLE (Ortografía de la Lengua Española), donde podemos leer que:

“Con independencia de cómo se articulen realmente en cada caso, se consideran siempre triptongos a efectos ortográficos las secuencias formadas por una vocal abierta (/a/, /e/, /o/) seguida y precedida de una vocal cerrada átona (/i/, /u/) : guau, buey, confiáis, despreciéis, dioico”.

Un último apunte: la RAE nos alerta desde 2010 de que no debemos escribir tilde en palabras que antaño sí la llevaban como “guion”, “truhan”, “fie” o “fiais”. Este grupo de palabras conforman una excepción, debido a que no todos los hablantes las pronuncian de igual manera. La explicación, que podéis leer más detallada aquí, es que estas palabras han sido tradicionalmente consideradas bisílabas, mientras que ahora se consideran monosílabas “a efectos de acentuación gráfica, conforme a su pronunciación real por otra gran parte de los hispanohablantes”.


(37) Sobre los adverbios terminados en –mente

En ocasiones empleamos, uno tras otro, varios adverbios terminados en -mente. Aprovechando que están coordenados entre sí, lo correcto es escribir el sufijo en el último de esos adverbios, y no en los anteriores.

“Amaba a aquella mujer desinteresadamente y apasionadamente”. (Incorrecto)

“Amaba a aquella mujer desinteresada y apasionadamente”. (Correcto)

 

“Su voz sonaba serenamente, suavemente, elegantemente”. (Incorrecto)

“Su voz sonaba serena, suave, elegantemente”. (Correcto)

 

Recordad que los adverbios terminados en –mente solo llevan tilde si el adjetivo que les precede la lleva. De ahí que “rápidamente” lleve tilde (“rápida” es palabra esdrújula y por tanto se tilda) y suavemente, no (suave” es una palabra llana terminada en vocal)


(36): Cenando también se entiende la gente

A ver qué os sugiere la siguiente oración: “Vi a Ramón cenando”.
 
¿Es correcto el uso del gerundio en esta frase?
 
Como ocurre tantas veces, la respuesta es “depende”. ¿Quién estaba cenando, Ramón o el autor de esa afirmación? Ese dato es muy importante, pues, según el mensaje que pretendamos transmitir, el uso del gerundio en esta oración puede ser correcto o incorrecto.
 
Si Ramón es quien está cenando, “Vi a Ramón cenando” es una frase gramaticalmente correcta. Pero si es el sujeto de la oración quien estaba cenando, la frase debería quedar así:
 
“Cenando, vi a Ramón”.
 
Bien, ya sabéis que la cena es un asunto gastronómico, pero también gramatical. 🙂

(35) No confundas las Matemáticas con la literatura

Algunas personas que comienzan a escribir literatura emplean la combinación de los signos matemáticos “menor que” (<) y “mayor que” (>) en vez de las comillas latinas (« »). Como las comillas son dobles y estos signos matemáticos son simples, lo “solucionan” escribiendo el signo de turno dos veces.

Pondré un ejemplo:

<<Esto empieza a ponerse feo>>, pensó Marcos.

Lo correcto sería:

«Esto empieza a ponerse feo», pensó Marcos.

(Siempre cabe la opción de usar comillas inglesas en vez de las latinas. Pero ese es otro tema).

 

El error de confundir signos matemáticos con comillas es muy molesto: es como confundir las Matemáticas con la literatura. Para empezar, estamos dándole un valor que no tiene a un signo matemático, que no se creó precisamente, como en el ejemplo anterior, para delimitar pensamientos. Y, por otra parte, de un simple vistazo dejamos claro, a los ojos del lector, que somos escritores embrionarios. Ni siquiera haría falta leer el texto: el error es palmario. Con este fallo le estamos diciendo al lector: “Quiero escribir literatura, pero hasta que yo llegue a dominar el lenguaje, es el lenguaje quien me domina a mí. ¿Estás dispuesto, generoso lector, a hacer un gran sacrificio para leer lo que he escrito?”.

Pero los lectores, huelga decir, no suelen ser tan generosos.

Como cierre de este pequeño apunte, te explico cómo se escriben en Microsoft Word los citados signos matemáticos y las comillas latinas.

Menor que: <

Puedes localizarlo en Insertar/Símbolo. O si lo prefieres, usa su código ASCII combinando las teclas Alt + 60.

Mayor que: >

Puedes localizarlo en Archivo/Insertar símbolo. O usa la combinación Alt + 62.

Comillas latinas de apertura: «

Insertar/Símbolo/Otros Símbolos. O la combinación de teclas: Alt + 174.

Comillas latinas de cierre: »

Insertar/Símbolo/Otros Símbolos. O la combinación de teclas: Alt + 175.


(34) Pederastas y pedófilos

Aunque tendemos a considerar “pederasta” y “pedófilo” como palabras sinónimas, tienen significados diferentes. “Pederasta” es quien comete abuso sexual contra los niños, mientras que “pedófilo” es el adulto que se siente atraído por los niños.

Podríamos decir que son dos caras de la misma moneda, pero no son la misma moneda. Hay matices. Y esos matices importan… Tanto es así, que la policía no arresta a los pedófilos, sino a los pederastas.

Libro sobre lenguaje recomendado: ✅ Lo que el español esconde: Todo lo que no sabes que estás diciendo cuando... 


(33). La economía del lenguaje. Menos es más

Desde hace muchos años tengo por norma, a la hora de escribir, ahorrarme aquellas palabras que no aporten nada a la frase, sea a nivel informativo o estético. Entiendo que ese ahorro lingüístico me beneficia a mí, al lector y, por supuesto, al estilo, que queda liberado del molesto ropaje de lo superfluo. Haciendo bueno el lema de la Bauhaus, “menos es más”.

Pondré algunos ejemplos inventados que ilustran la economía del lenguaje que yo defiendo.

  1. “Cuando entré en la habitación, encontré a mi padre en posición de cuclillas”.
  2. “Llegó a casa a las 4:00 h de la madrugada”.
  3. “Estaba aterido de frío”.
  4. Sube arriba y descarga un par de cajas”.

 

A continuación, reproduzco las cuatro frases omitiendo explicaciones innecesarias.

  1. “Cuando entré en la habitación, encontré a mi padre en cuclillas”. (“En cuclillas” es de por sí una posición).
  2. “Llegó a casa a las 4:00 h”. Este sistema horario, basado en las 24 horas, no precisa más explicaciones. Las “4:00 h” nos conduce forzosamente a la madrugada. Para indicar las cuatro de la tarde, tendríamos que escribir “las 16:00 h”. En caso de que optemos por usar el sistema de 12 horas, debemos escribir “a. m” (antes del mediodía) o “p. m” (después del mediodía). Mi sistema preferido es el primero (24 horas).
  3. “Estaba aterido”. El adjetivo “aterido” implica el sintagma “de frío”. Nadie está aterido de calor.
  4. “Sube y descarga un par de cajas”. Aquí nos ahorramos el pleonasmo “subir arriba”. ¿Acaso podríamos “subir abajo”?

 

Estos son algunos ejemplos sencillos; hay otras muchas posibilidades de podar un texto de explicaciones innecesarias que, en mi opinión, no hacen sino afear el estilo y torturar al afligido lector.

¿Y qué pasa con esos estilos caudalosos, abonados de numerosas palabras? Ningún problema, siempre y cuando esas palabras estén justificadas y sorteen lo superfluo.

Libro recomendado: La seducción de las palabras, de Álex Grijelmo 


(32): Alagar / Halagar

No es lo mismo “alagar” (llenar de lagos o de charcos” que “halagar” (mostrar admiración).


(31): Los incisos

Los incisos son secuencias de palabras que rompen el enunciado de la frase con el objetivo de aportar información. Pueden ser de diversas categorías gramaticales: sustantivos o grupos nominales (“La hermana de Laura, profesora de yoga, es muy atractiva”), adjetivos o grupos adjetivales (“No creo que Emilio, callado y retraído, sea tu tipo”), oraciones de relativo (“Juan, a quien hace siglos que no veía, ha confirmado su asistencia”), etc.

Es muy frecuente encontrar estos incisos en una posición central de la frase (“El cantante, afónico por culpa del resfriado, abandonó el escenario”), pero en otros casos se sitúan al principio (“Terminada la película, apagaron el proyector”) o al final (“Era antipático,  además de feo”).

Los incisos se señalan mediante comas, y en algunos casos, cuando no van al principio ni al final de la clase, mediante guiones o rayas.

Notaremos que si eliminamos el inciso, la frase sigue teniendo sentido.

“No creo que Emilio, callado y retraído, sea tu tipo”. (Con inciso)

“No creo que Emilio sea tu tipo” (Sin inciso. La frase ofrece menos datos, pero gramaticalmente sigue siendo correcta).

Es importante puntuar bien para que el lector sepa dónde comienza y dónde termina cada inciso.

Libro recomendado: Yo eso no lo digo. Actividades y reflexiones sobre el español correcto 


(30): El gerundio de posterioridad, el gerundio Wikipedia

“Voy a trabajar, visitando después a mi hermana”.

Releamos esta frase. ¿Quién se expresa así en el día a día? Nadie, ¿verdad?  ¿Quién diría: “Se hizo una encuesta en la calle, ganando los que estaban a favor”? La respuesta vuelve a ser “nadie”. Y, sin embargo, este tipo de construcciones, ajenas a la naturaleza de nuestro idioma, están a la orden del día en el lenguaje escrito. El gerundio de posterioridad, ay, nos ha colonizado.

¿Por qué digo que nos ha colonizado? ¿Acaso viene del extranjero? Pues sí, pero en este caso hay que reconocer que el uso de este tipo de gerundio es correcto en el inglés. Y ese es el problema: se usa tanto en la lengua de Shakespeare que de traducirlo una y otra vez al castellano hemos acabado por incorporarlo (de manera errónea) a nuestro idioma.

Analicemos la primera de las frases:

“Voy a trabajar, visitando después a mi hermana”.

Tenemos dos verbos, “trabajar” y “visitar”, este último en gerundio. Según nos explica la Nueva gramática de la lengua española, debemos evitar el uso del gerundio cuando la acción a la que se refiere es posterior a la acción expresada por el verbo principal. En la frase del ejemplo se aprecian dos marcos temporales: primero, cuando la persona que se expresa se marcha a trabajar, y después cuando, a la salida del trabajo, se dispone a visitar a su hermana”. El gerundio no expresa aquí, como es su obligación, algún modo o circunstancia del verbo principal. Y no lo está haciendo porque en este caso no estamos ante dos acciones simultáneas, sino que una es posterior a la otra. De ahí que este gerundio reciba el nombre de “gerundio de posterioridad”. Hace bastantes años lo rebauticé como el “gerundio Wikipedia”. Podréis imaginaros por qué. El nivel de redacción de esta famosa enciclopedia colectiva ha mejorado últimamente, pero entonces era tarea casi imposible encontrar un artículo que no estuviera redactado –previa traducción del inglés– con un ejército de aguerridos gerundios de posterioridad.

Para que la frase del ejemplo sea correcta, es suficiente con reformularla: “Voy a trabajar y después visitaré a mi hermana”.

Hacer lo propio con la segunda frase no entraña la menor dificultad. Hay muchas opciones; yo doy tres:

“Se hizo una encuesta en la calle y ganaron los que estaban a favor”.

“Se hizo una encuesta en la calle; ganaron los que estaban a favor”.

“Se hizo una encuesta en la calle y ganó el voto de quienes estaban a favor”.

Ya sabéis: evitad a toda costa el gerundio de posterioridad. Es uno de los errores lingüísticos más cansinos que pueda uno imaginar.

Libro recomendado: Las 500 dudas más frecuentes del español. Comprar en Amazon 


(29): Continuo / Continúo / Continuó

Escribir correctamente las tildes es de vital importancia para establecer una comunicación eficiente con el lector. Si nos equivocamos a la hora de escribirlas (o de omitirlas), nuestro mensaje escrito quedará desvirtuado.

Pondré como ejemplo una serie de tres palabras de grafía muy similar. La única diferencia está en la tilde. Una de ellas no la lleva, la otra la lleva en la penúltima sílaba y la tercera, en la última sílaba. Como resultado, tenemos tres palabras con significados diferentes.

Me refiero a “continuo” (adjetivo que significa “constante, perseverante”), “continúo” (primera persona del singular del presente de indicativo del verbo “continuar”) y continuó (“tercera persona del singular del pretérito perfecto del verbo “continuar”).

¿Qué debe hacer un autor si no distingue las diferencias entre “continuo”, “continúo” y “continuó”? Rezar. Rezar para que el lector tampoco las distinga. Si se trata de un lector avezado, corremos el riesgo de que active todas alertas y acabe por abandonar la lectura.

Libro recomendado: El buen uso del español (NUEVAS OBRAS REAL ACADEMIA) 


(28): Contra natura / contranatura

La locución “contra natura”, adaptación de la expresión latina contra naturam,  se escribe en dos palabras. Es incorrecto, pues, escribir “contranatura”, excepto en los casos –muy pocos, en realidad– en que funciona como un sustantivo:

“Marta le explicó a su hijo que sufrir voluntariamente es un contranatura, algo sin sentido”.

Tampoco es correcto escribir la preposición “a” antes de “contra natura”.

Ejemplos:

“El acuerdo al que llegaron marxistas y capitalistas era contranatura”. (incorrecto)

“El acuerdo al que llegaron marxistas y capitalistas era a contra natura”. (incorrecto)

“El acuerdo al que llegaron marxistas y capitalistas era contra natura”. (correcto)

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(27) Mis diccionarios preferidos

Escribir sin un buen diccionario a mano puede ser una tarea ardua. Por si hiciera falta decirlo, un buen diccionario es una herramienta muy útil de la que no debería prescindir nadie que se dedique con cierta pasión a leer o a escribir.
 
De los diccionarios que frecuento, mis preferidos son estos:
 
–El Diccionario Online de la Real Academia (www.rae.es), que es, por así decirlo, el diccionario canónico de la lengua castellana.
 
–El WordReference (http://www.wordreference.com/), que ofrece de manera gratuita traducciones a numerosos idiomas: inglés-español, inglés-francés, inglés-italiano, inglés-alemán, inglés-ruso, inglés-portugués, inglés-polaco, inglés-rumano, inglés-checo, inglés-griego, inglés-turco, inglés-chino, inglés-japonés, inglés-coreano e inglés-árabe, francés-español, portugués-español, etc.
 
–El Diccionario María Moliner, que yo uso en una versión en CD-ROM.
 
Trabajo también con diccionarios de otro tipo (de dudas, de antónimos y sinónimos…), de los que hablaremos en su momento.
 
Y vosotros, ¿qué diccionarios usáis?

(26) La coma criminal

Una norma básica sobre puntuación nos informa de que no debemos separar el sujeto del verbo mediante una coma (a no ser que haya un inciso entre ellos). Es una norma por todos –o casi todos– conocida, lo que no es óbice para que encontremos esa coma criminal –así la llaman de manera hiperbólica– escrita con excesiva frecuencia.

Ese error se da, en mi opinión, por dos motivos:

  1. El autor no distingue con claridad cuál es el sujeto de la oración.
  2. El autor sí sabe distinguir cuál es el sujeto, pero cree, contaminado por las prácticas del lenguaje oral, que cuando dicho sujeto es largo debe escribir una coma (justo donde el hablante hace una pausa para tomar respiración).

Vemos un ejemplo:

“La historia que me contó mi abuelo en el hospital dos días antes de morir, era hermosa”.

En esta frase el sujeto tiene quince palabras: “La historia que me contó mi abuelo en el hospital dos días antes de morir”. Un sujeto extenso, cierto, pero no por ello se escapa de la norma. La pausa que el hablante pueda hacer antes del verbo (“era”) no debe marcarse con una coma en el lenguaje escrito. Así pues, sería incorrecto escribir coma después de “morir”.

Por si queda alguna duda, la frase correcta es esta:

“La historia que me contó mi abuelo en el hospital dos días antes de morir era hermosa”.

Insisto: mientras no haya un inciso que corte el sujeto, da igual si este tiene quince palabras o una sola.

Las dos frases que puedes leer a continuación son gramaticalmente iguales. Ambas comparten la estructura SUJETO + VERBO + PREDICADO. La única diferencia está en el número de palabras incluidas en el sujeto:

“La historia que me contó mi abuelo en el hospital dos días antes de morir era hermosa”.

“Ana era hermosa”.

Ya sabes: si no quieres ser un delincuente lingüístico, no escribas la coma criminal.

Lectura recomendada para saber más sobre las comas: 11 recetas para escribir correctamente la coma

300 historias de palabras: Cómo nacen y llegan hasta nosotros las palabras que... 

25. El plural mayestático

Algunos autores se refieren a sí mismos, en determinadas obras, no con el pronombre “yo” (primera persona del singular), sino con el pronombre “nosotros” (primera persona del plural), como si en realidad hubieran contado con la ayuda de otras personas a la hora de redactar. Ese plural es, por así decirlo, virtual.

Estamos hablando del plural mayestático, bastante empleado en ensayos y en obras académicas con el objetivo de compartir la responsabilidad autoral o de investir de excelencia a quien escribe (o quien habla, cuando se trata de un discurso o un acto de similares características).

El plural mayestático se usa también en política, un ámbito en el que cobra cierto sentido: en la mayoría de los casos no es una persona quien toma las decisiones, sino más de una.

En literatura, al margen de ciertas obras analíticas, el plural mayestático puede resultar insoportablemente pomposo y formal.

Lectura recomendada: Hablar en primera persona del plural


24. Jugar un papel

“Jugar un papel” es un galicismo (de “jouer un rôle”) que debería evitarse, por muy extendido que esté su uso. Son preferibles otras expresiones similares como “desempeñar un papel”, “representar un papel”, “interpretar un papel”.


23. Herramienta online para conjugar los verbos en castellano

Conjugar los verbos en castellano puede ser una tarea difícil. ¿Cuál es la primera persona del singular del pretérito perfecto simple de “andar”? ¿Y la segunda persona del singular del futuro de subjuntivo de “caber”? ¿Y la tercera persona del plural del presente de subjuntivo de “pacer”?

Si tenéis dudas al respecto, con estos verbos o con otros, lo más rápido y seguro es consultar su conjugación en la versión online (gratis) de la RAE:

En el cajetín de la derecha debéis introducir el verbo en infinitivo. El diccionario os ofrecerá el significado (o significados) de dicho verbo. En este caso, lo que nos interesa no son las acepciones sino el botón azul CONJUGAR. Pulsad en él y tendréis el verbo conjugado en un pispás. Así de rápido, así de sencillo.


24. Hechar de menos / Echar de menos

“Te hecho de menos” es un atentado lingüístico en toda regla. El verbo “hechar”, con h inicial, no existe. Lo correcto es “te echo de menos”. Hay que tener claro que “echo” es la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo “echar”, mientras que “hecho” es el participio del verbo “hacer”.


23. Vulgarismos recogidos por el Diccionario de la Lengua Española

Un vulgarismo es una palabra, expresión o giro al margen de la norma establecida. Aunque se usen en la lengua cotidiana, conviene evitarlos en la lengua escrita.

Se da la paradoja de que algunos de estos vulgarismos (“almóndiga”, por ejemplo) están recogidos en el Diccionario de la Lengua Española (DLE, antes llamado DRAE). Esta circunstancia no supone garantía alguna de que su uso sea correcto. De hecho, el DLE incluye en estos casos una nota, u. c. vulg., que significa “utilizada como vulgar”.

El DLE también acoge palabras como “yerna”, un vulgarismo en España, pero de uso más o menos común en países como Bolivia, Colombia, República Dominicana y Venezuela. Lo correcto, obviamente, es “nuera”.

Recuerda: evita ser vulgar, evita los vulgarismos en tus escritos.


22. Por un casual

La expresión coloquial “por un casual” tiene mal encaje en la lengua escrita que pretende ser elegante. En vez de “por un casual”, es preferible usar “por casualidad” o “casualmente”.


21. El corrector de estilo que no sabía redactar

Hace tres años el propietario de una empresa catalana contactó conmigo para proponerme la tarea de corregir artículos publicitarios. Tras aprobar un par de correcciones que realicé a modo de prueba, quedamos en establecer una relación laboral, vigente hoy día.

El propietario de esta empresa me preguntó si además de corregir sabía redactar. “Sí, claro”, le dije. La pregunta me resultó extraña, pero él me explicó que antes de ponerse en contacto conmigo había estado a punto de cerrar un trato con un corrector. La cosa se vino abajo cuando el corrector le confesó que redactar no era lo suyo. Es decir, su trabajo tendría que limitarse a corregir.

Insisto: me resultó una situación paradójica, tal vez porque yo me convertí en corrector profesional como complemento –por no decir “como alternativa”– a mi tarea de escritor. Y un escritor, con todos los matices que queramos encontrar, no deja de ser un redactor.

Después de aquella charla vi un vídeo en YouTube el que una correctora comentaba –en mi opinión, sin argumentarlo demasiado– que un corrector de estilo no tiene por qué ser un buen redactor. Una opinión que me resulta difícil de entender. Aceptemos que una persona puede tener mejor nivel como corrector que como redactor (o viceversa), pero que un corrector profesional no se atreva a hacer redacciones me resulta chocante.

En fin, ahí dejo el tema. ¿Vosotros creéis que alguien puede ser corrector de estilo y, sin embargo, tener serios problemas a la hora de redactar?


21. El pronombre relativo quien/quienes, solo para personas

El pronombre relativo “quien(es)” ha de aplicarse solo a personas: “Tú eres quien tiene la solución a este problema”. Esta frase es correcta, pues el antecedente de “quien” es una persona: “tú”.

Pero es incorrecto el uso de “quien” cuando el antecedente es un objeto, una institución, un animal, un vehículo, etc.: “Fue la Junta de Andalucía quien tomó la decisión”. La frase correcta sería: “Fue la Junta de Andalucía la que tomó la decisión”.

Recordad: cuando el antecedente del relativo “quien” (o “quienes”) no es una persona, debemos usar “el que” y sus variantes de género y número, según corresponda: “la que”, “los que”, “las que”…


20. Habían / Había (O cuando el verbo “haber” es impersonal)

Empecemos por el ejemplo: la frase “Habían tres alumnos en el aula” es gramaticalmente incorrecta. El motivo es este: cuando el verbo “haber” tiene función impersonal, debe ser usado siempre en singular. Repito: siempre. Y esto ocurre cuando tras el verbo “haber” se indica la presencia de personas u objetos.

La norma nos dice que el sujeto debe concordar con el verbo, pero resulta que en la frase antes citada “tres alumnos” no es el sujeto, sino el CD (complemento directo).

Entonces, ¿cuál es el sujeto de esa oración? Ya lo hemos dicho: no tiene, es impersonal.

Lo correcto, pues, sería “Había tres alumnos en el aula”.


19. Libros ‘imposibles’ de leer

¿Quién paga los platos rotos de una redacción deficiente? El lector, no hay duda. El sufrido lector.

Pero en contra de lo que opinan muchos, lo más sangrante en un texto contaminado por la desidia gramatical no son las faltas de ortografía. Al menos, no para mí. Si leo “El varco zarpo al alva”, entiendo sin excesivo esfuerzo que el autor quiso escribir “El barco zarpó al alba”. Las faltas de ortografía son desagradables, indigestas, pero no son lo peor.

¿Y qué es lo peor? La mala puntuación. En concreto, esa puntuación laxa que no distingue dónde comienza y dónde termina una frase. Muchas personas unen varias frases en una (cuando no lo contrario), y eso te obliga –si te quieres enterar de lo que está contando– a dar marcha atrás y corregir mentalmente la puntuación. Y eso, amigos, eso sí que es el horror. No hay nada más ingrato, cuando estás leyendo, que desandar el camino para tratar de hacer el trabajo que no hizo el autor.

Como corrector de estilo, estoy acostumbrado a la puntuación deficiente. Nada que objetar: mi trabajo consiste en subsanar esos errores y otros muchos más. ¿Pero qué pasa cuando encontramos esos errores de puntuación no en un manuscrito sino en un libro? Yo lo tengo claro: lo abandono sin complejos.

Un libro que dificulte la lectura hasta esos extremos no merece ser leído. Con nuestra renuncia los lectores hacemos saber que estamos hartos de pagar los platos rotos de la desidia gramatical de ciertos autores.

18. Acerca de / A cerca de

No es lo mismo “acerca de” que “a cerca de”. Sí, suenan igual, pero no significan lo mismo. Creedme. Veamos en qué se diferencian. Empecemos por señalar que en el primer caso tenemos dos palabras y en el segundo, tres. Eso ya es una pista. Aunque hay más:

“Acerca de” es una locución prepositiva que significa “sobre, en relación con”.

Ejemplo: “Voy a escribir un ensayo acerca de Shakespeare”.

“A cerca de” combina tres palabras: la preposición “a”, el adverbio “cerca” y la preposición “de”. Significa “a aproximadamente”.

Ejemplo: “Hoy he visto en la biblioteca a cerca de veinticinco estudiantes”.

17. Títulos, cargos, fórmulas de tratamiento… ¿En mayúscula o en minúscula?

La RAE aconseja escribir con minúscula inicial las fórmulas de tratamiento, título o cargo. Escribimos, pues, “presidente”, “rey”,  “papa”, “conde”, “gobernador”, “jefe”, “ministro”, “diputado” (y no “Presidente”, “Rey, “Papa”, “Gobernador”, etc.). En algunos casos –seguimos de la mano de la RAE– se puede escribir con mayúscula inicial estas palabras cuando “se refieren a una persona concreta, sin mención expresa de su nombre”. Y pone como ejemplo: “El Rey inauguró una biblioteca”. No obstante, si optamos por mantener la minúscula incluso en estos casos no estemos incumpliendo ninguna norma.

Nota: en algunas publicaciones de determinada temática podría tener sentido escribir alguno de estos cargos siempre en mayúscula. Es habitual, por ejemplo, que las publicaciones católicas escriban las citadas fórmulas de tratamiento en minúscula, pero opten por escribir “Papa” en vez de “papa”.

Más información sobre las mayúsculas, en el Diccionario Panhispánico de Dudas. Link

16. Pretérito pluscuamperfecto. ¿Cuándo usar este tiempo verbal?

En ocasiones se escribe indiscriminadamente en pasado sin caer en la cuenta de que en una misma frase puede haber dos tiempos temporales diferentes, uno anterior al otro. Para estos menesteres podemos echar mano del pretérito pluscuamperfecto de indicativo, que nos permite indicar el orden cronológico de ambas acciones.

Lo entenderéis mejor con un ejemplo.

“La mujer confesó al jurado que asesinó a su marido porque este mantuvo una relación sentimental con otra mujer”.

En esta frase observamos que hay dos marcos temporales, uno cuando el marido mantiene una relación extramatrimonial y otra cuando su esposa lo mata. Se entiende, ¿verdad? A los ojos del lector, el juicio pertenece al pasado y el asesinato, a un pasado anterior.

Todo quedaría mejor explicado con la ayuda del pretérito pluscuamperfecto “había mantenido”.

Esta sería la frase correcta:

“La mujer confesó al jurado que asesinó a su marido porque este había mantenido una relación sentimental con otra mujer”.

Ojo, porque en caso de que el marido siguiera manteniendo esa relación extramatrimonial cuando fue asesinado, el tiempo verbal correcto sería el pretérito imperfecto “mantenía”.

“La mujer confesó al jurado que asesinó a su marido porque este mantenía una relación sentimental con otra mujer”.

Ya veis que el empleo de los tiempos verbales no debe ser caprichoso.

15. El plural de “carácter” no es “carácteres”

Tanto el sustantivo “carácter” como su plural suelen generar errores de acentuación. Es frecuente leer “caracter” (sin tilde, pese a que se trata de una palabra llana que termina en r) y “carácteres”, con tilde, como si el plural adquiriera la forma esdrújula.

Recordemos que lo correcto es escribir el singular con tilde (“carácter”) y el plural (“caracteres”) sin tilde, pues, tal como nos recuerda el  Diccionario Panhispánico de Dudas , “el acento pasa de la ‘a’ a la ‘e’”, algo que atañe a cualquiera de las acepciones de dicho sustantivo.

Ejemplos correctos:

“Es un hombre con mucho carácter”.

“La palabra ‘avión’ tiene cinco caracteres”.

14. Información redundante que no aporta nada

En ocasiones leo expresiones que se suman a otras de significado similar, cuando no idéntico: “pero sin embargo”, “siempre y en todo momento”, “cansado y agotado”…

Esa insistencia en lo obvio no lleva a ninguna parte, y lo que es aún peor: deja en evidencia la inseguridad del autor, que necesita repetirse en un intento de dejar claro lo que quiere comunicar.

¿La solución? Naturalizar el lenguaje, hacerlo más sencillo, evitar la explicación de que el agua es húmeda…

Así pues, en vez de escribir “pero sin embargo” podemos optar por “pero” o por “sin embargo”. En vez de escribir “siempre y en todo momento”, elijamos “siempre” o “en todo momento”. Y si nuestro personaje está agotado, es obvio que está cansado. ¿Por qué no utilizar solo uno de los dos adjetivos, por ejemplo el segundo: “agotado”?

Escribir con claridad no significa flagelar al lector con información redundante.

13. ¿Infinitivo o imperativo?

Es correcto el uso del infinitivo cuando se pretende dar instrucciones de carácter general, bien sea mediante sugerencias positivas (“Salir por la puerta del fondo”) o negativas (“No tocar los artículos del escaparate”). Pero cuando las instrucciones están personalizadas, hay que usar el imperativo y no el infinitivo: “Aligerad el paso, que llegamos tarde”. “Haz la cama antes de desayunar”.

12. Las cursivas en voces extranjeras

Una de las funciones de la cursiva es señalar aquellas voces extranjeras no adaptadas al español, las cuales, no por casualidad, pronunciamos tal como corresponden en la lengua original. El inglés, sin ir más lejos, es una fuente casi inagotable de palabras que hemos apadrinado con pasión: casting, coaching, display, flash, best seller, leasing, copyleft… 
 
En estos casos se recomienda, si es posible, elegir una voz castellana que signifique lo mismo que la voz inglesa. Aunque algunos crean que insertar palabras en inglés da más prestigio a un texto a una conferencia, lo cierto es que en muchas ocasiones podemos ahorrarnos esas palabras extranjeras y elegir voces castellanas sin perder un ápice de expresividad. Para qué decir “rating” si podemos optar por “índice de audiencia”. ¿Acaso un best seller se vende más que un superventas? No, ¿verdad?

11. Hacer acto de presencia

Todo el mundo sabe lo que significa la expresión “hacer acto de presencia”. Cuando decimos “El profesor de Matemáticas hizo acto de presencia en la reunión”, damos a entender que el citado profesor acudió a la reunión. Hasta ahí, todo bien.
 
Lo que no todo el mundo sabe es que solo las personas pueden hacer acto de presencia, pues esta expresión requiere voluntad. Por tanto, sería incorrecto atribuírsela a cosas o a fenómenos climatológicos. Dos ejemplos desatinados: “la rabia y el odio hicieron acto de presencia” o “la nieve hizo acto de presencia cuando menos se la esperaba”.
 

10. Destacar palabras en cursivas en un texto que ya está en cursiva

Utilizamos las cursivas para destacar ciertas palabras, sea el título de una película o de un libro, una voz extranjera, un comentario irónico, etcétera. ¿Pero qué pasa cuando un texto más o menos extenso está en cursiva? Es obvio que si ponemos en cursiva el título de una novela en un párrafo que está en cursiva, el resalte tipográfico desaparece. ¿O acaso destacaría una amapola en un campo de amapolas? No, ¿verdad?

Pondré un ejemplo: vuestro editor ha pasado una mala noche y al despertar no ha tenido mejor ocurrencia que publicar vuestro prólogo en cursiva. Sí, las ocho páginas… ¿Qué hacer ahora?

La solución es muy sencilla: si las cursivas tienen la misión de destacar determinadas palabras en un texto en letra redonda (es decir, la habitual), lo que hay que hacer es darle la vuelta a la tortilla y poner en redonda las palabras, expresiones o frases que queremos destacar dentro de un texto que está todo en cursiva.

Es decir, en un texto con letra redonda destacamos con cursivas y en un texto con cursivas destacamos con letra redonda.

9. Errores en las fechas

“La abuela murió el quince de Septiembre de 2.008”.

¿Qué ocurre en esta frase? Pues ocurre que podríamos hacerle tres correcciones a la fecha.

  1. El día del mes se escribe en números: “15 de septiembre”. Escribir el día del mes con letras es habitual –aunque no de obligado cumplimento– en documentos solemnes, como talones bancarios o las escrituras de una vivienda.
  2. El mes se escribe en minúscula: “septiembre”.
  3. El año no lleva punto (ni espacio): 2008.

Es decir, lo correcto sería: “La abuela murió el 15 de septiembre de 2008”.

(Daos cuenta de que en las tres correcciones se apuesta por la opción más minimalista).

8. Meterse a cura / Meterse cura

Leyendo a Cela me enteré hace muchos años de que la expresión “meterse a cura” era incorrecta, y que la forma aceptada excluye la preposición “a”, es decir, “meterse cura”.

María Moliner , en su famoso diccionario, dedica en la entrada de “meter” una acepción referida al verbo “meterse” donde despeja todas las dudas.

(inf.; «a, de») Poner alguien a una ÷persona sobre la que tiene autoridad a *trabajar en cierta cosa: ‘Sus padres le metieron a trabajar muy pronto’; con el nombre de un oficio, se construye también con «de»: ‘Le han metido de zapatero’. ¤ (a veces peyorativo; «a, de») prnl. Emprender un trabajo o actividad o dedicarse a una profesión: ‘Se metió a cortar un traje y estropeó la tela. Se ha metido a barrendero. Se ha metido de aprendiz en una tienda’. ¤ Entrar en una profesión o estado: ‘Meterse fraile. Meterse monja’.

7. En contraposición con / En contraposición a

No se dice ni se escribe “en contraposición con” sino “en contraposición a”.

6. Es por eso

“Es por eso que” es una expresión farragosa, aunque muy usada en países como Colombia. Si usamos en su lugar “Por eso” nos ahorramos dos palabras y las bendiciones de nuestros académicos.

“Es por eso que no quise verte” (incorrecto)
“Por eso no quise verte” (correcto).

En cualquier caso, un personaje literario podría hablar así (o incluso peor).

5. Atar en corto

“Atar en corto” es una manera incorrecta de atar. Lo correcto es “atar corto”, que es lo que yo hago con mi perra Betty.

4. Bajo la condición

No se dice “bajo la condición” sino “con la condición”.

3. En dirección de

En dirección de” es un solecismo (no confundir con un solecito, que es lo que estamos sufriendo durante esta ola de calor). Lo diré con otras palabras: “en dirección de” está mal escrito.
Si quieres evitar el solecismo, escríbelo bien: “en dirección a” o “con dirección a”.
Y para evitar el solecito, nada como una terracita a la sombra.

2. Interrogante, ¿sustantivo masculino o femenino?

El sustantivo “interrogante” admite ambos géneros, pero en lenguaje culto se prefiere el masculino. Es decir, es preferible escribir “un interrogante” a “una interrogante”.

Libro recomendado: ✅ Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuscinski 


1. Arcaísmos

Llamamos “arcaísmos” a aquellas palabras o expresiones que se usaban mucho en el pasado, pero que hoy día han quedado relegadas a favor de variaciones o incluso de nuevas palabras.

Algunos ejemplos de arcaísmos: fermosura (ahora “hermosura”), “enflacar” (“adelgazar”), “empero” (“pero”), “ombrigo” (“ombligo”).

 

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Cómo corregir un texto en Word, paso a paso

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