Diferencias entre la novela y el cuento. ¿Todo cuento es un cuento chino?

Diferencias entre la novela y el cuento… El tema no es nuevo, ¿verdad? Más bien todo lo contrario: cuando un escritor no tiene nada mejor que hacer, se sienta a escribir, como impulsado por un resorte, cuáles son las diferencias entre la novela y el cuento (o viceversa, si se prefiere). Incluso yo mismo yo he escrito al respecto. Qué más os puedo decir…

Este gusto por la disertación no se da en el deporte: nadie pierde el tiempo analizando las diferencias entre el baloncesto y el fútbol. En fin. Ya sabemos que la literatura es un deporte de gente pensante…

Pues bien, dicho esto, os presentamos la enésima digresión sobre el mismo tema en un apunte titulado “¿Todo cuento es un cuento chino?”.

Estamos de suerte –y esto no es una ironía. Y es que Gabriel García Márquez lo hace tan bien, destila tanto embrujo en cada una de sus frases, es tan encantador de serpientes, que leemos sus digresiones con la misma voracidad con la que sus seguidores leemos sus novelas y sus cuentos. Sí, porque García Márquez, además de gran novelista, escribió un lote de cuentos de gran calidad.

Pero a lo que íbamos: las diferencias entre la novela y el cuento. En este texto García Márquez nos da su opinión (de una manera más narrativa que académica) sobre algunas diferencias entre ambos géneros literarios, y lo hace unas veces desde fuera, como simple lector, y otras desde dentro, como el experimentado escritor que fue.

Cuenta de paso alguna anécdota sobre cómo nació El otoño del patriarca , un libro cuyas primeras ediciones salieron mal cosidas, hasta el punto de que un amigo, en un guiño humorístico, dijo que había leído el otoño hoja a hoja.

Y si aún no te he convencido, querido lector, para que leas estas líneas del Premio Nobel colombiano, te dejo un fragmento que a mí me ha parecido genial y que me ha arrancado una sonrisa (o incluso dos).

 

“El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra”.

 

Y, ya para terminar, hago notar que el sustantivo “concreto” que usa García Márquez en la segunda frase de su texto viene a ser lo que en España entendemos como “hormigón”. Se trata de un calco del inglés concrete, que significa precisamente eso: hormigón.

Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística.

 

¿Todo cuento es un cuento chino? (Una reflexión sobre las diferencias entre la novela y el cuento)

Gabriel García Márquez

 

Escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir un cuento es vaciar en concreto. No sé de quién es esa frase certera. La he escuchado y repetido desde hace tanto tiempo sin que nadie la reclame, que a lo mejor termino creyendo que es mía. Hay otra comparación que es pariente pobre de la anterior: el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos. En todo caso esta pregunta del lector ofrece una buena ocasión para dar vueltas una vez más, como siempre, sobre las diferencias de dos géneros literarios distintos y sin embargo confundibles. Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo. La diferencia es válida entre un cuento y otro, pero no entre cuento y novela.

El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso, reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Nada más. Hay otro de Las mil y una noches, cuyo texto no tengo a la mano, y que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.

Más que el cuento mismo, alucinante por su sencillez, éste me interesa ahora porque plantea otro de los misterios del género: si la que presta el plomo no fuera una mujer sino otro hombre, el cuento perdería su encanto: no existiría. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Un misterio más de un género misterioso por excelencia.

Las Novelas ejemplares de Cervantes son de veras ejemplares, pero algunas no son novelas. En cambio Joseph Conrad escribió Los duelistas, un cuento también ejemplar con más de ciento veinte páginas, que suele confundirse con una novela por su longitud. El director Ridley Scott lo convirtió en una película excelente sin alterar su identidad de cuento. Lo tonto a estas alturas sería preguntarnos si a Conrad le habría importado un pito que lo confundieran.

La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.

Buenos ejemplos de cuentos compactos e intensos son dos joyas del género: “La pata de mono“, de W.W. Jacobs, y “El hombre en la calle”, de Georges Simenon. El cuento policíaco, en su mundo aparte, sobrevive sin ser invitado porque la mayoría de sus adictos se interesan más en la trama que en el misterio. Salvo en el muy antiguo y nunca superado Edipo Rey , de Sófocles, un drama griego que tiene la unidad y la tensión de un cuento, en el cual el detective descubre que él mismo es el asesino de su padre.

El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra.

No sé qué decir sobre la suposición de que el cuento sea una pausa de refresco entre dos novelas, pero podría ser una especulación teórica que nada tiene que ver con mis experiencias de escritor. Tanteando en las tinieblas me atrevería a pensar que no son pocos los escritores que han intentado los dos géneros al mismo tiempo y no muchas veces con la misma fortuna en ambos. Es el caso de William Somerset Maugham, cuyas obras –como las de Hemingway– son más conocidas por el cine. Entre sus cuentos numerosos no se puede olvidar “P&O” –siglas de la compañía de navegación Pacific and Orient– que es el drama terrible y patético de un rico colono inglés que muere de un hipo implacable en mitad del océano Índico.

 Ernest Hemingway  es un caso similar. Tan conocido por el cine como por sus libros, podría quedarse en la historia de la literatura sólo por algunos cuentos magistrales. Estudiando su vida se piensa que su vocación y su talento verdaderos fueron para el cuento corto. Los mejores, para mi gusto, no son los más apreciados ni los más largos. Al contrario, dos de ellos son de los más cortos –“Un canario para regalo” y “Un gato bajo la lluvia”–, y el tercero, largo y consagratorio, “La breve vida feliz de Francis Macomber”.

Todos los cuentos (CONTEMPORANEA)
List Price: EUR 9,95
Price: EUR 9,45
You Save: EUR 0,50
Price Disclaimer

Sobre la otra suposición de que el cuento puede ser un género de práctica para emprender una novela, confieso que lo hice y no me fue mal para aprender a escribir El otoño del patriarca. Tenía la mente atascada en la fórmula tradicional de Cien años de soledad , en la que había trabajado sin levantar cabeza durante dos años. Todo lo que trataba de escribir me salía igual y no lograba evolucionar para un libro distinto. Sin embargo, el mundo del dictador eterno, resuelto y escrito con el estilo juicioso de los libros anteriores, habrían sido no menos de dos mil páginas de rollos indigestos e inútiles. Así que decidí buscar a cualquier riesgo una prosa comprimida que me sacara de la trampa académica para invitar al lector a una aventura nueva.

Creí haber encontrado la solución a través de una serie de apuntes e ideas de cuentos aplazados, que sometí sin el menor pudor a toda clase de arbitrariedades formales hasta encontrar la que buscaba para el nuevo libro. Son cuentos experimentales que trabajé más de un año y se publicaron después con vida propia en el libro de La cándida Eréndira: “Blacamán el bueno vendedor de milagros”, “El último viaje del buque fantasma”, que es una sola frase sin más puntuación que las mínimas comas para respirar, y otros que no pasaron el examen y duermen el sueño de los justos en el cajón de la basura. Así encontré el embrión de El otoño…, que es una ensalada rusa de experimentos copiados de otros escritores malos o buenos del siglo pasado. Frases que habrían exigido decenas de páginas están resueltas en dos o tres para decir lo mismo, saltando matones, mediante la violación consciente de los códigos parsimoniosos y la gramática dictatorial de las academias.

El libro, de salida, fue un desastre comercial. Muchos lectores fieles de Cien años… se sintieron defraudados y pretendían que el librero les devolviera la plata. Para colmo de peras en el olmo la edición española se desbarataba en las manos por un defecto de fábrica, y un amigo me consoló con un buen chiste: “Leí el otoño hoja por hoja”. Muchos persistieron en la lectura, otros la lograron a medias y con el tiempo quedaron suficientes cautivos para que no me diera pena seguir en el oficio. Hoy es mi libro más escudriñado en universidades de diversos países, y las nuevas generaciones pueden leerlo como si fuera el crepúsculo de un Tarzán de doscientos años. Si alguien protesta y lo tira por la ventana es porque no le gusta pero no porque no lo entienda. Y a veces, por fortuna, no ha faltado alguien que lo recoja del suelo.

Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982.

RebajasBestseller No. 1
Cien años de soledad (CONTEMPORANEA)
Gabriel Garcia Marquez - Editor: Debolsillo - Edición no. 1 (01/24/2003) - Tapa blanda: 496 páginas
9,95 EUR - 0,50 EUR 9,45 EUR
RebajasBestseller No. 2
Crónica de una muerte anunciada (CONTEMPORANEA)
Gabriel Garcia Marquez - Editor: DEBOLSILLO - Edición no. 1 (11/28/2016) - Tapa blanda: 144 páginas
8,95 EUR - 0,45 EUR 8,50 EUR
RebajasBestseller No. 3
El amor en los tiempos del cólera (CONTEMPORANEA)
Gabriel Garcia Marquez - Editor: DEBOLSILLO - Edición no. 1 (06/06/2014) - Tapa blanda: 496 páginas
9,95 EUR - 0,50 EUR 9,45 EUR
RebajasBestseller No. 4
El coronel no tiene quien le escriba (CONTEMPORANEA)
Gabriel Marquez - Editor: DEBOLSILLO - Edición no. 1 (03/10/2017) - Tapa blanda: 104 páginas
8,95 EUR - 0,45 EUR 8,50 EUR

Artículos relacionados

Última actualización el 2018-12-13 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados


Suscríbete para recibir nuestras novedades una vez por semana

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.