Dos relatos cortos de Manuel Pastrana Lozano

Manuel Pastrana Lozano nos ofrece dos relatos cortos, microrrelatos podríamos decir, de diversa temática. En “El silencio de mar” nos ofrece una imagen perturbadora de un mar que desconcierta a los pescadores al no reaccionar como se espera de él.

“Punto final” es, por así decirlo, un cuento cósmico narrado con juegos de palabras relacionados con el lenguaje.

Puedes leer en Narrativa Breve otros cuentos de Manuel Pastrana Lozano.

Si te gustan los relatos cortos, los microrrelatos, las grandes historias literarias, recuerda que estamos publicando al menos cuatro cuentos por semana, y que aquí tienes el listado de relatos de Escribir y Corregir.

 

Relato corto de Manuel Pastrana Lozano: El silencio del mar

El mar va recogiéndose sin ruido. Su lento repliegue permite ver poco a poco las arenas cenagosas, humedecidas, descubriendo su desnudez hacia el horizonte. Los pescadores han escapado en desorden hacia los faldeos de la colina más cercana y esperan allí el retorno violento de las olas. No han tenido tiempo para salvar sus botes, varados a la orilla de la costa. Temen que sus modestas moradas sean arrasadas por la violencia destructora del oleaje, quieren estar lejos del mar amenazante, y hacen plegarias para que Dios los proteja del cataclismo inevitable. Transcurren minutos, horas, quizá días, sin que nada suceda. Enmudecen aterrados, sin encontrar alguna explicación de lo que está ocurriendo. Esta vez, las olas no regresan, permanecen inmóviles, atascadas por una fuerza desconocida, misteriosa. No se escucha nada, solo la visión de un mar quieto, silencioso, imperturbable, lejano en los atisbos del horizonte. Ahora las infinitas arenas secas duermen plácidas cubiertas por el polvo invisible de los peces.

 

Relatos de Manuel Pastrana Lozano

Relato corto de Manuel Pastrana Lozano: Punto final

¡En la puntuación cósmica, no existe el punto final! –había exclamado categórico  el ser divino-, solo valen las comas entre la infinitud de los planetas y las estrellas, los dos puntos para enumerar las galaxias y  las constelaciones y los puntos suspensivos para el universo infinito. Las comillas –agregaba-,  para los agujeros negros y los agujeros de gusano y los signos de interrogación para la materia y la energía oscura. Y tal vez un punto y aparte para los universos paralelos. Tan simple como eso. Pero en la Tierra la cosa era distinta. Abundaban las faltas ortográficas y el mal uso y el caos incontrolable entre los signos de puntuación –una verdadera torre de babel sintáctica-, tornando el lenguaje y las comunicación incomprensibles para el común de los seres humanos. Sintiéndose culpable y convencido de que su gramática celestial no era bienvenida en la Tierra,  recurrió entonces a las matemáticas, hizo la cuenta regresiva desde el infinito hasta el 0, puso su propio punto final divino (y desapareció entre paréntesis).

 

 


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