El discurso pensado

El discurso pensado
Escritor mexicano Juan Rulfo

Estas líneas que ofrezco a continuación son un extracto de Tipología del cuento literario, de Edelweis Serra, una rareza fuera de catálogo que encontré “huroneando” en una librería de viejo. El libro me resulta académico en exceso, pero he rescatado este fragmento, incluido en el capítulo II (“El arte de contar”), porque nos invita a adentrarnos en una técnica que quizá no esté muy trillada: la de narrar una historia a partir de un personaje que dialoga consigo mismo. En esta técnica, el personaje en cuestión, Macario (nombre que da título al cuento de Juan Rulfo), no se dirige a nadie en concreto. Lo que hace es pensar el relato en una suerte de monólogo interior. En definitiva: el personaje habla para sí. (Ojo: hay que hacerlo con coherencia. No olvidéis que esta técnica tiene como objetivo contar una historia. No sería aceptable una retahíla de pensamientos inconexos que no llevan a ninguna parte).

 

El discurso pensado [1]

Edelweis Serra

 

[…] El cuento narrado por una primera persona narradora puede diversificarse compositiva y discursivamente en formas insólitas. La cuentística hispanoamericana contemporánea ofrece los más interesantes exponentes. En Juan Rulfo, por ejemplo, el texto “Macario” consiste en un yo protagonista hegemónico, del mismo nombre; un niño idiota que “piensa” su historia de criado hambriento junto a la madrina protectora y Felipa la cocinera, en breves y ordenadas frases –al estilo rulfiniano, por cierto–, una suerte de monólogo interior donde desfila la vida doméstica y secreta de una conciencia primitiva. Mientras Macario aguarda inútilmente sentado junto a la alcantarilla que salgan las ranas para cazarlas, repasa consigo mismo alternativas de su miserable existencia, sin que ningún otro personaje interlocutor aparezca en el cuento; esto permite suponer que su discurso es “pensado”, ocurre en la intimidad de sus pensamientos o bien es un soliloquio articulado verbalmente sin testigos. Hacia el final del cuento declara que “no ha salido ninguna rana durante el rato que lleva platicando”. Este texto pone en evidencia el papel del receptor, verdadero interlocutor del personaje monologante. Aunque éste discurra en realidad consigo mismo, es el unívoco narrador del cuento y hace patente al destinatario en la estructuración narrativa en tanto oyente imaginario; un tú implícito, no subjetivo, no personalizado, pero cuasi-personaje frente a un yo subjetivo y personalizado, Macario, a cuya discursividad interior asiste involucrado en la comunicación cuentística.

El ritmo del relato es escandido por la brevedad y la concisión de las frases narrativas, generadas a partir de la conciencia del personaje en un proceso enunciativo conforme a la simplicidad y al primitivismo del protagonista, obsesionado del principio al fin por la hambruna de comida. No hay casi causalidad de acontecimientos, predomina la causalidad psicológica elemental, instintiva, circunscrita a un ser infinitamente limitado moviéndose en un mezquina recinto doméstico.

[…] Al discurrir el personaje sobre su caso, con toda la importancia que para él revisten sus relaciones domésticas en función de sus apetitos más primarios, evidentemente no se dirige a un tú, su discurso es consigo mismo: la primera persona y su relativa relación verbal es central, pero esa marca de personalidad establece una unicidad implícita del yo narrador con el tú ideal, ficticio, que decodifica el mensaje. […].

 

[1]  Edelweis Serra, Tipología del cuento literario, Cupsa Editorial, Madrid, 1978.

Juan Rulfo, analizado por Carlos Monsiváis

 


Suscríbete para recibir nuestras novedades una vez por semana

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.