La nueva narrativa gallega

 

la nueva narrativa gallega
Escritor y político X.L. Ferrín

En el libro Fría Hortensia y otros cuentos, X.L. Méndez Ferrín incluye un “prólogo para no gallegos”  en el que hace un valioso repaso al género del cuento en Galicia. Por su interés para los lectores que no somos gallegos –y diría que también para los que lo son–, reproduzco un fragmento de ese prólogo en el que alude a la nueva narrativa gallega, generada a partir de la guerra civil española por un grupo de autores que detestaba y despreció toda la literatura española coetánea.

 

La nueva narrativa gallega, según X.L. Méndez Ferrín



“[…] con posterioridad a la Guerra civil, en nuestro País un grupo reducido de activistas fue capaz de reconstruir, pese a la vigilancia del sistema, la acción cultural. En 1950, las editoriales Benito Soto, Monterrey y Galaxia iniciaron un camino de recuperación de la literatura en gallego, siendo estas empresas castigadas por la censura aunque toleradas en distintos grados. El caso es que la de los cincuenta fue una década fructífera para la literatura gallega y también para el género que ahora nos ocupa, el cuento.

Surgieron nuevos cuentistas que se habían formado en los años de la República. Su representante más importante es sin duda Ánxel Fole que edita, en 1953 y 1955, respectivamente, Á lus do candil y Terra brava. Fole es un cuentista de cuerpo entero, sabe conducir un relato con maestría, pero éste resulta vieja, anclada en procedimientos y no interesa a los más jóvenes, si se me permite introducir aquí este factor de recepción. De Álvaro Cunqueiro, otra revelación en narrativa de esos años cincuenta, en cambio, opinaría que no es un verdadero cuentista, y que ignora la ingeniería de la narración corta aun cuando sea un prosista original y originalísimo. Por otro lado, Eduardo Blanco Amor, además de ser el mejor novelista de su tiempo, practica una incursión tardía en el cuento, de carácter realista y lírico, con sus relatos Os biosbardos (1962), de gran interés.

La nueva narrativa gallega libro
Fray Hortensia y otros cuentos

Pero, simultáneamente a esa eclosión, unos jóvenes nacidos en plena Guerra Civil, en los años treinta, se incorporan, creo yo que inesperadamente, a la literatura gallega y en forma discordante con los más viejos ya citados. Y es éste el momento de empezar a hablar de mí, aunque no me guste, porque yo formo parte de ese movimiento de jóvenes escritores al que llamaron nova narrativa.

Los autores de la nova narrativa sobre todo son cuentistas, aunque también cultiven la novela extensa. Ostentan rasgos comunes: sus relatos se escenifican en países inexistentes o extraños y en épocas que no se sabe cuáles fueron, pero con referencias a un presente con vocación de futuro anticipativo. Acronía, utopía, pues. Lo cual representa: por un lado compromiso con la lengua perseguida y castigada, pues sólo utilizan el gallego, contra la corriente del poderoso y coercitivo sistema que trataba de disuadirlos de tal opción; por otro lado, distanciamiento de la realidad histórica, ambiental, social de Galicia en el espacio del relato.

Los escritores de la nova narrativa  presentaban un mundo alienado de lo absurdo, inmerso en un sistema de universal crueldad y asediado por el militarismo y una policía torturadora sin sentido, impregnado de la soledad individual, reducido al silencio, afectado de nostalgia de las libertades perdidas. No es preciso insinuar que los nombres extravagantes, las ambientaciones en países inexistentes, la climatología exótica, sirvieron, con éxito, para despistar a las autoridades de la censura y permitir que tan “extraña” mercancía literaria viese la luz. Con lo que en la nova narrativa, mejor que en la literatura china o en cualquier otra del llamado Tercer Mundo, funcionaba la idea de national allegory a la que me referiré más adelante. Como “alegoría nacional”, pues, podría leerse todo o buena parte de la nova narrativa que fabricábamos Camilo Gonsar, Fernández Ferreiro, María Xosé Queitzán, Xohán Casal, Gonzalo R. Mourullo, Franco Grande y el que esto escribe.



Aquella nuova narrativa bebió en Kafka, sobre todo. Se rodeó, con el tiempo, con escritores del nouveau roman  francés. Tuvo relaciones con Kerouac y el movimiento beatnik. Adoró el engagement de Sartre. Fue receptora del universo agrario-familiar de Faulkner, de la precisión lírica de Hemingway, de la crónica épica de Steinbeck, del minimalismo étnico de Saroyan. Detestó y despreció toda la literatura española coetánea, junto con los neorrealismos italiano y portugués. Por el contrario, incorporó todas las técnicas de la revolución narrativa del siglo XX poniéndolas al servicio del hombre y de su pasión, contra las circunstancias históricas adversas, con un pathos en el que el sujeto radicalmente vivido y objeto entendido como medio social no deseado convivían sin intermediarios.

¿Y cómo hablaban los cuentistas de esa nova narrativa en la que se incluye mi obra cuentística en sus momentos iniciales? Veamos.

Gonzalo R. Mourullo, en Memorias de Tains, se inventa un espacio de ninguna parte y allí proyecta sueños y angustia que lo aproximan tanto a los norteamericanos como al surrealismo; Xohán Casal, con O camino de abaixo, es capaz de escribir cuentos asfixiantes en sintonía imposible con un Claude Simon al que nunca llegó a conocer; Camilo Gonsar, en Lanze nós e dentro, se sumerge en el absurdo e incita a la vaciedad absoluta en anécdotas cotidianas sin sentido. Conmigo, éstos son los cuentistas de la nova narrativa. Por otro lado y simultáneamente, Xosé Neira Vilas (y en menor medida Eliseo Alonso) cultiva un tipo de cuento literario en el que realismo y lirismo se conjugan con gran eficacia […]”.

 

Fría Hortensia y otros cuentos, X.L. Méndez Ferrín, Alianza Editorial, 1999.


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